Tal vez este es el cuadro que menos me gusta de Bouguereau. Pero la cuestión es que mi amigo Pablo Porras me ha propuesto indagar en el tema de Venus para hacer un cuadro. Uno de los grandes propósitos del arte es generar poderosos símbolos que generen identificación experiencial en el colectivo. Y pienso que también el colectivo puede ayudar a generar el íncipit, la idea que después el artísta plasma con su "Techné" única. Es decir, un movimiento profundamente
antibeusiano.
En fin, pegarle una paliza a Beuys es algo que me seduce profundamente, así que apoyo la idea. Sólo le pido a Pablo que a cambio, ceda una fotografía de la obra a Commons bajo licencia CC-by-sa 3.0 En realidad, es una wiki de ideas.
Y si sale bien, luego podríamos exportar el modelo.
Y dicho esto, voy a dar mi particular opinión sobre el mito de Venus. En las culturas antiguas, Venus siempre ha supuesto un principio demoniaco, algo que rebasa el control social, algo que desencadena el instinto de la reproducción: por ejemplo, la "venus" de Willendorf. Según esos mitos, los llamativos atributos de la diosa eran tales que anulaban la voluntad del quien los contemplaba. El que algo pueda anular la voluntad, y que ese algo sea la belleza, es una elevadísima especulación estética. No en vano la diosa tenía dos naturalezas, con dos cultos absolutamente separados: la venus urania y la venus pandemos, o popular. Sin embargo, no se puede perder de vista que se trataba de la misma diosa.
Pero lo curioso es que yo veo algo igualmente estético en el intento de evadirse del engaño de venus. Y algo aún más curioso en que sólo se puede poseer a Venus si no le das poder, si comprendes el engaño y la ignoras. Es decir, Venus no te tomará en consideración si no pasas por encima de sus pruebas o engaños.
También existe una Venus social, la venus del mirto o
Venus Murcia, aquella que recompensaba con coronas de mirto a las virtudes socialmente mostrables. La venus del mirto es una asombrosa belleza, pero apetente de reconocimiento social y gestora de recompensas: una
Lou Andreas Salomé, vamos.
Pero lo que más me interesa es la profundización ascética más allá de lo estético, lo que te sacude la afectividad... es curiosísimo el mito de San Bartolomé, mi santo favorito, puesto que es el dios de la lluvia... San Bartolomé destruye a Venus Ashtarot (o Astarté). Ashtarot tiene mucho de nocturno, de noche... y al mismo tiempo de demoníaco.
El martirio de San Bartolomé es un mito gnóstico: indica que el precio del miedo de sospechar de la belleza, de la estética, por el presunto descontrol que te produce, de destruir eso, es perder la piel. Y es algo absolutamente cierto, en mi experiencia.
En definitiva, venus es un camino: queremos que sea nuestra esposa, nuestra amante, nuestra inspiradora, nuestra clave de éxito social, queremos que venus nos colme, venus es la distante estrella del lucero del alba.
Pero el lucero del alba, también es lucifer...
Espero haberte podido inspirar, Pablo. Un tremendo abrazo, queridísimo amigo.